Ruby Hammer: trayectoria y visiones de una pionera de la belleza inclusiva
Ruby Hammer aborda su trayectoria en la belleza inclusiva, la creación de Ruby & Millie y los retos actuales para marcas cosméticas independientes.
Ruby Hammer es una de las personalidades más reconocidas y queridas de la industria de la belleza en el Reino Unido. Figura familiar para expertos y consumidores desde la década de 1990, su papel pionero en la cosmética inclusiva sigue marcando la pauta en el sector, impulsado desde sus inicios por la pasión que le inculcó su madre.
Criada en Nigeria por padres de origen bangladesí, Hammer llegó al Reino Unido a los 12 años, lo que la expuso a la cultura juvenil, la moda y el maquillaje británicos. Su carrera comenzó en el área de ventas de las tiendas departamentales Harrods, donde destinaba gran parte de sus ingresos a adquirir productos de belleza.
Tras trabajar como asistente en sesiones fotográficas, se consolidó como una cotizada maquillista profesional (MUA, por sus siglas en inglés) conocida por su habilidad para trabajar con todo tipo de tonos de piel. En los años noventa, cuando muchas modelos de color debían maquillarse a sí mismas tras bambalinas, su trabajo destacó por su versatilidad e inclusión. Posteriormente, su presencia en programas de televisión la convirtió en una figura popular entre los consumidores británicos.
A finales de los noventa, Hammer llevó la belleza inclusiva al canal masivo con el lanzamiento de la marca Ruby & Millie junto a la entonces publirrelacionista de belleza Millie Kendall (actual directora ejecutiva del British Beauty Council). La firma llevó cosméticos accesibles e inclusivos a las masas mediante una alianza estratégica con la cadena Boots. Para Hammer (de confesión musulmana) y Kendall (judía), la colaboración nació de forma natural y el proyecto fue un éxito comercial inmediato, destacando por sus envases transparentes y fórmulas multipropósito adelantadas a su época.
Ese espíritu vive en Ruby Hammer Beauty, una línea de herramientas y productos de cosmética que lanzó en 2019. Distinguida con la Orden del Imperio Británico (MBE) en 2007 por sus contribuciones a la industria cosmética, Hammer reflexiona sobre su trayectoria, la evolución del mercado de la belleza y los retos del financiamiento para fundadoras independientes.
¿Cómo moldearon sus primeros años en Nigeria su visión del maquillaje?
—Todo comenzó con mi madre. Ella era una mujer joven que administraba el hogar en el clima cálido y húmedo de Nigeria. Recuerdo claramente ver cómo se maquillaba y el impacto inmediato que eso generaba en su estado de ánimo. Observar esa transformación fue la chispa inicial para mí. En ese entorno no teníamos revistas ni televisión regular; mis referentes visuales eran el cine occidental, las producciones de Bollywood y los dibujos animados.
¿Qué impacto tuvo su llegada al Reino Unido a los 12 años?
—Fue un choque cultural masivo pero fascinante. Pasar de un entorno reservado a tener acceso inmediato a tiendas, música, moda de calle y productos de maquillaje cambió todo. En mi etapa escolar tuve la libertad de experimentar diariamente con cosméticos, lo que consolidó mi vocación por la transformación personal y la imagen visual.
¿En qué momento decidió dedicarse profesionalmente a la industria cosmética?
—Trabajaba en el departamento de moda en Harrods, atraída por el descuento para empleados, que gastaba por completo en cosméticos de marcas de la época. Sin embargo, el punto de inflexión llegó cuando comencé a asistir a maquillistas en rodajes. Ver la dinámica de trabajo en el set me hizo comprender que ese era mi camino profesional.
Su perfil público creció rápido en televisión y pasarelas. ¿Fue un plan trazado de antemano?
—Fue un proceso orgánico pero impulsado por una clara ambición profesional. Busqué representación con un agente y aproveché cada oportunidad. Mi llegada a la televisión ocurrió por casualidad en el programa The Clothes Show, donde la producción notó que podía hablar y aplicar maquillaje simultáneamente en transmisiones en vivo. De ahí surgieron participaciones en programas como 10 Years Younger, Style Challenge y espacios en la BBC.
En sus inicios, ¿su origen étnico influyó en su desarrollo en la industria?
—Decidí no trabajar desde una postura negativa ni enfocarme en las puertas cerradas. Preparaba mi equipo de trabajo para responder a cualquier necesidad técnica. Hasta el día de hoy, modelos de color con las que trabajé en los años ochenta recuerdan la tranquilidad que sentían al saber que contaba con las bases adecuadas para sus tonos de piel. Mi meta siempre fue ser la mejor profesional posible, independientemente de mi origen.
Varias modelos de color relatan que en los noventa debían llevar su propio maquillaje a las pasarelas...
—Era una realidad dura. Muchas modelos llegaban con sus propios cosméticos por temor a que las dejaran con un tono inadecuado, ya que los portafolios estándar no incluían matices oscuros. Yo solía comprar bases en Estados Unidos para ampliar mi gama de tonos o mezclaba productos manualmente para lograr la pigmentación correcta. Generar ese alivio en las modelos trascendía la estética; se trataba de brindarles respeto y profesionalismo.
¿Cómo surgió el proyecto de Ruby & Millie junto a Millie Kendall?
—Nos conocimos en Harrods cuando ella trabajaba en el lanzamiento del mostrador de Shu Uemura. Nos conectó de inmediato una obsesión compartida por la perfección y la ética de trabajo. Al identificar los vacíos que existían en el mercado minorista de belleza, especialmente en diversidad y productos de calidad profesional a precios accesibles, decidimos unir fuerzas para lanzar una propuesta innovadora.
En el contexto actual, una marca cofundada por una mujer musulmana y una mujer judía resulta una declaración poderosa.
—En su momento no lo vimos como una postura política, sino como la unión de dos profesionales con metas comunes. Respetar nuestras diferencias fortaleció el proyecto. La alianza con Boots también reflejó una visión audaz por parte de la cadena minorista en esa época.
¿Cuál fue la lección más importante de la etapa de Ruby & Millie?
—Aprender a colaborar con un gran corporativo. Pasar de la agilidad emprendedora a la estructura de una gran corporación exige defender la identidad de la marca para no diluir la visión original, al tiempo que se aprovecha la escala de distribución y alcance que ofrece un socio de consumo masivo.
En 2019 lanzó Ruby Hammer Beauty. ¿Qué valores rigen esta nueva etapa?
—Busqué simplificar la rutina cosmética con soluciones multifuncionales de alta eficacia. La filosofía de Ruby Hammer Beauty se centra en realzar la belleza natural sin enmascarar la piel. Iniciamos de forma disciplinada con pinceles magnéticos y kits para uñas, priorizando herramientas esenciales. Con la llegada de la pandemia ajustamos el portafolio hacia delineadores de ojos y, posteriormente, bálsamos labiales hidratantes.
¿Qué desafíos enfrenta actualmente como fundadora independiente?
—Desarrollar una marca autofinanciada en un entorno altamente competitivo representa un reto constante. Sin los presupuestos de mercadotecnia de grandes corporativos o firmas respaldadas por capital de riesgo, cada decisión debe ser extremadamente precisa. En un momento en que el capital regresa a la cosmética bajo nuevas reglas de inversión, resulta fundamental impulsar oportunidades de financiamiento equitativo y canales minoristas sólidos para marcas lideradas por mujeres que priorizan la calidad y la autenticidad.






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